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¿Cuáles fueron los objetivos políticos de la intervención de Estados Unidos en la Guerra Civil Rusa?

¿Cuáles fueron los objetivos políticos de la intervención de Estados Unidos en la Guerra Civil Rusa?


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Tengo entendido que Estados Unidos envió dos fuerzas terrestres separadas para participar en la Guerra Civil Rusa.

Solo la Expedición del Oso Polar vería combate, luchando contra el Ejército Rojo. El Ejército Rojo, por supuesto, saldría victorioso más tarde.

Aunque la ideología de los bolcheviques era indudablemente diferente a la de la mayoría de los políticos estadounidenses, todavía no había un historial claro de las atrocidades cometidas por la Unión Soviética. Stalin aún no había llevado a cabo sus purgas, por ejemplo. Me parece poco probable que Estados Unidos hubiera intervenido únicamente sobre la base de una ideología.

¿Qué esperaba lograr Estados Unidos al intervenir en la Guerra Civil Rusa? ¿Estaban simplemente tratando de ganarse el favor de las otras potencias en Europa? ¿O estaban tratando de proteger los intereses estadounidenses en Rusia?


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Con el fin de la Guerra Fría, tanto Estados Unidos como Rusia están en condiciones de usar la fuerza de manera más selectiva y con menos riesgo. En ausencia de una rivalidad de superpotencia global, ninguno siente la misma compulsión de intervenir en casi todas partes para proteger o asegurar una ventaja competitiva. Al mismo tiempo, la intervención en casi cualquier lugar es ahora más segura porque no hay peligro de escalada a niveles apocalípticos. Sin embargo, a pesar de estas similitudes, las diferencias en las respectivas circunstancias de seguridad posteriores a la Guerra Fría de los dos países son más sorprendentes que las similitudes y han pesado más en la toma de decisiones de intervención.

El fin de la Guerra Fría y el colapso del comunismo soviético dejaron a los Estados Unidos como la única superpotencia y estatus mdasha del mundo que, para algunos estadounidenses, implicaba la responsabilidad de crear un "nuevo orden mundial", si fuera necesario recurriendo periódicamente a la fuerza para frenar inestabilidad regional. En contraste, la Rusia postsoviética emergió de la desintegración del antiguo orden con una posición de poder internacional muy reducida y una zona extendida de inestabilidad a lo largo de sus flancos sur y oeste, así como con amenazas internas a su propia integridad territorial. En consecuencia, Rusia ha utilizado la fuerza exclusivamente dentro de la ex Unión Soviética, mientras que Estados Unidos ha intervenido en Europa, África, el Caribe y América Central.

Al mismo tiempo que las diferencias de poder y alcance entre Rusia y Estados Unidos se han vuelto más pronunciadas, las diferencias institucionales y de procedimiento entre ellos han disminuido como resultado de la lenta pero continua democratización de Rusia. Hasta dónde ha llegado este proceso de convergencia en el ámbito de la intervención y la toma de decisiones en materia de empleo forzoso es uno de los temas centrales examinados en el capítulo final de este libro. Los capítulos anteriores presentan estudios de caso de nueve casos de intervención militar regional emprendidos por los dos países desde 1991, y un estudio de caso análogo de finales de la era de la Guerra Fría y mantenimiento de la paz estadounidense en el Líbano en 1982 y 1984. Para Estados Unidos, además de la intervención en Líbano, estos estudios de caso cubren la ex Yugoslavia, Panamá, Haití y África, así como una mirada transversal a cómo la administración Bush abordó su intervención y forzó la toma de decisiones laborales. Para Rusia, los estudios de caso describen el proceso de toma de decisiones que condujo al uso de la fuerza en Osetia-Ingushetia, Trans-Dniestria, Tayikistán, Abjasia y Chechenia.

Estos estudios de caso son, ante todo, descriptivos en el sentido de que revisan los eventos cronológicamente y resaltan los problemas en juego, así como la interacción de individuos e instituciones que explicaron el flujo de eventos. Sin embargo, están escritos desde una perspectiva analítica con miras a la formulación de generalizaciones útiles sobre las prácticas de toma de decisiones de los dos países. Su valor como insumos para tal empresa se ve reforzado por el hecho de que sus autores fueron participantes directos o observadores de primera mano de los eventos descritos.

Hacen falta unas palabras sobre un caso importante no examinado: la Operación Tormenta del Desierto, que proporciona un ejemplo casi prototípico de toma de decisiones de intervención "madura" con respecto a consideraciones clave como la planificación de objetivos, la creación de consenso, la formación de coaliciones y la disciplina operativa. Se ha excluido de la consideración aquí porque la fuerza empleada fue cuantitativa y cualitativamente diferente en varios órdenes de magnitud de la empleada en todos los demás casos posteriores a la Guerra Fría.

Dado que la mayoría de las intervenciones que se describen a continuación no se han sometido previamente a un análisis detallado desde una perspectiva de toma de decisiones, este volumen debería llenar un vacío importante en la literatura académica sobre intervenciones de crisis posteriores a la Guerra Fría. Con suerte, también proporcionará a los legisladores rusos y estadounidenses una mejor comprensión de cómo se toman las decisiones sobre cuestiones de seguridad en el país del otro. De ser así, puede ayudar no solo a evitar malentendidos sino también a fortalecer las relaciones de seguridad de cooperación entre los dos países. Con excepción de las cuestiones nucleares, ninguno de los dos países es un factor fundamental en la planificación de seguridad del otro en la actualidad. Sin embargo, esto puede no ser cierto en el futuro, y ahora es ciertamente un momento apropiado para capitalizar oportunidades sin precedentes para forjar vínculos estrechos entre los analistas y profesionales de la seguridad en los dos países y romper las barreras de ignorancia y desconfianza que podrían complicar las relaciones bilaterales. e impedir el surgimiento de una asociación de seguridad significativa.


Estados Unidos intentó cambiar los gobiernos de otros países 72 veces durante la Guerra Fría

La CIA ha concluido con "gran confianza" que Rusia intervino de forma encubierta durante las elecciones presidenciales para promover la candidatura de Donald Trump. Basaron esta evaluación en el descubrimiento de que las agencias de seguridad rusas habían pirateado el Comité Nacional Republicano, el Comité Nacional Demócrata y la campaña de Hillary Clinton, y habían entregado documentos demócratas seleccionados a WikiLeaks para socavar la candidatura de Clinton.

Si es cierto, las acciones de Rusia recuerdan la guerra política encubierta de la Guerra Fría, con un giro de la era de Internet. Aquí hay seis cosas clave que mi investigación descubrió sobre esos esfuerzos.

¿Qué sabemos sobre la guerra política encubierta?

Obviamente, estudiar intervenciones encubiertas es difícil. Por definición, las operaciones están diseñadas para que el estado interviniente pueda negar plausiblemente que estuvo involucrado, desviando la culpa hacia otros actores. Es imposible obtener datos transnacionales confiables, dada la gran variación de los países en sus reglas sobre la transparencia gubernamental y la libertad de prensa. Agregue las florecientes teorías de la conspiración, y puede ser difícil separar los hechos históricos de la ficción.

Para abordar estos problemas, he pasado los últimos años investigando acusaciones de cambios de régimen encubiertos respaldados por Estados Unidos durante la Guerra Fría. Lo he hecho revisando documentos relevantes de los Archivos Nacionales, el Archivo de Seguridad Nacional y las bibliotecas presidenciales. Afortunadamente, la combinación de las reglas de desclasificación del gobierno de EE. UU., Las investigaciones del Congreso y la cobertura periodística ha revelado mucho sobre estas operaciones.

1. Entre 1947 y 1989, Estados Unidos intentó cambiar los gobiernos de otras naciones 72 veces

Ese es un número notable. Incluye 66 operaciones encubiertas y seis abiertas.

Por supuesto, eso no excusa la intromisión de Rusia en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016. Estas 72 operaciones estadounidenses fueron durante la Guerra Fría, lo que significa que, en la mayoría de los casos, la Unión Soviética apoyaba de manera encubierta a los anti-Estados Unidos. fuerzas en el otro lado. Sin embargo, una mirada a estas acciones estadounidenses nos permite estudiar las actividades encubiertas de una gran potencia, de modo que podamos obtener información sobre las causas y consecuencias de tales intervenciones.

2. La mayoría de los esfuerzos encubiertos para reemplazar al gobierno de otro país fracasaron

Durante la Guerra Fría, por ejemplo, 26 de las operaciones encubiertas de Estados Unidos llevaron con éxito a un gobierno respaldado por Estados Unidos al poder, las 40 restantes fracasaron.

El éxito dependía en gran parte de la elección de tácticas encubiertas. Ni un solo complot de asesinato respaldado por Estados Unidos durante este tiempo realmente mató a su objetivo previsto, aunque dos líderes extranjeros, Ngo Dinh Diem de Vietnam del Sur y Rafael Trujillo de República Dominicana, fueron asesinados por intermediarios extranjeros sin la bendición de Washington durante los golpes respaldados por Estados Unidos.

De manera similar, las acciones encubiertas para apoyar a los grupos militantes que intentaban derrocar a un régimen extranjero casi siempre fracasaban. De 36 intentos, solo cinco derrotaron a sus objetivos. Patrocinar golpes de Estado fue más exitoso: nueve de cada 14 intentos de golpe pusieron en el poder a los líderes respaldados por Estados Unidos.

3. La intromisión en las elecciones extranjeras es la táctica encubierta más exitosa (como a Rusia no le sorprenderá saberlo).

Encontré 16 casos en los que Washington trató de influir en las elecciones extranjeras financiando, asesorando y difundiendo de manera encubierta propaganda para sus candidatos preferidos, a menudo haciéndolo más allá de un solo ciclo electoral. De estos, los partidos respaldados por Estados Unidos ganaron sus elecciones el 75 por ciento de las veces.

Por supuesto, es imposible decir si los candidatos apoyados por Estados Unidos habrían ganado sus elecciones sin la ayuda encubierta que muchos lideraban en las encuestas antes de la intervención de Estados Unidos. Sin embargo, como dijo una vez el jefe de la Dirección de Inteligencia de la CIA, Ray S. Cline, la clave para un cambio de régimen encubierto exitoso es "proporcionar la ayuda marginal adecuada de la manera correcta en el momento adecuado".

En una elección en la que Clinton ganó el voto popular por 2,86 millones pero perdió el colegio electoral, gracias a 77,744 votantes en Wisconsin, Michigan y Pensilvania, ¿la campaña encubierta de Rusia brindó "la asistencia marginal justa", inclinando así la balanza hacia Trump suprimiendo la participación demócrata?

Es imposible decirlo con certeza, pero los números ciertamente estuvieron cerca. Si Clinton hubiera replicado la participación de Obama en 2012 en esos tres estados indecisos, los habría ganado por más de medio millón de votos. Incluso si hubiera podido convertir solo el 1 por ciento de los votantes de Trump en estos estados, habría ganado por un total de 55,000 votos. La campaña de Clinton indudablemente tuvo muchos golpes en su contra: altos índices de desfavorableidad, encuestas inexactas, la carta del director del FBI, James B. Comey, y contratiempos estratégicos. Aún así, la campaña encubierta de Rusia probablemente agravó estos problemas. Gracias al lento goteo de correos electrónicos pirateados de WikiLeaks, el ciclo de noticias a lo largo de octubre se vio inundado de vergonzosas historias contra Clinton, lo que le impidió ganar impulso después de los debates.

4. Los cambios de régimen rara vez funcionan como esperan los estados intervinientes.

Una presidencia de Trump podría no ser tan beneficioso para Rusia como se esperaba o temía. Clinton advirtió en el tercer debate presidencial que Putin "preferiría tener un títere como presidente de Estados Unidos".

Sin embargo, como muestro en un artículo reciente de Seguridad Internacional con Alexander Downes, los líderes instalados a través del cambio de régimen generalmente no actúan como títeres por mucho tiempo. Una vez en el poder, los nuevos líderes descubren que actuar a instancias de sus patrocinadores extranjeros genera una oposición interna significativa. Por lo tanto, tienden a moderar sus políticas o volverse completamente contra el patrocinador extranjero. De hecho, ya hay informes de que el Kremlin siente "el remordimiento del comprador" por la victoria de Trump, dada su imprevisibilidad.

5. Un cambio de régimen encubierto puede devastar a los países objetivo

Mi investigación descubrió que después de la caída del gobierno de una nación, era menos democrático y tenía más probabilidades de sufrir una guerra civil, inestabilidad doméstica y asesinatos en masa. Como mínimo, los ciudadanos perdieron la fe en sus gobiernos.

Incluso si Rusia no marcó la diferencia en la elección de Trump, socavó con éxito la confianza en las instituciones políticas y los medios de comunicación estadounidenses.

Como señaló el historiador Timothy Snyder en septiembre, “Si los procedimientos democráticos comienzan a parecer caóticos, las ideas democráticas también parecerán cuestionables. Y así Estados Unidos se parecería más a Rusia, que es la idea general. Si Trump gana, Rusia gana. Pero si el Sr. Trump pierde y la gente duda del resultado, Rusia también gana ".


La historia de la participación rusa en las guerras raciales de Estados Unidos

Desde carteles de propaganda hasta anuncios de Facebook, más de 80 años de intromisión rusa.

Según una serie de informes recientes, las cuentas vinculadas a la Agencia de Investigación de Internet con sede en San Petersburgo, una "fábrica de trolls" rusa, utilizaron las redes sociales y Google durante la campaña electoral de 2016 para profundizar las tensiones políticas y raciales en Estados Unidos. Los trolls, según una entrevista con la cadena de televisión rusa TV Rain, fueron dirigidos a enfocar sus tweets y comentarios en temas socialmente divisivos, como las armas. Pero otro tema constante han sido los trolls rusos que se centran en cuestiones raciales. Algunos de los anuncios rusos colocados en Facebook aparentemente apuntaban a Ferguson y Baltimore, que fueron sacudidos por protestas luego de que la policía matara a hombres negros desarmados, otro mostraba a una mujer negra disparando un rifle. Otros anuncios se basaban en temores de inmigrantes ilegales y musulmanes, y de grupos como Black Lives Matter.

Sin embargo, a excepción de la tecnología utilizada, estas tácticas no son exactamente nuevas. Son consecuencia natural de un componente central de las campañas de influencia encubierta, como la que lanzó Rusia contra Estados Unidos durante las elecciones de 2016: hacer que la discordia sea más ruidosa divide y vencerás. “Las campañas de influencia encubierta no crean divisiones en el terreno, amplifican las divisiones en el terreno”, dice Michael Hayden, quien dirigió la NSA bajo los presidentes Bill Clinton y George W. Bush y luego se convirtió en director de la CIA. Durante la Guerra Fría, el Kremlin también trató de plantar noticias falsas y fomentar el descontento, pero estaba limitado por los métodos de baja tecnología disponibles en ese momento. "Antes, los soviéticos colocaban información en los periódicos indios y esperaban que fuera recogida por nuestros periódicos", dice John Sipher, quien dirigió la oficina de Rusia de la CIA durante el primer mandato de George W. Bush. Los soviéticos sembraron información errónea sobre la epidemia del sida como una creación del Pentágono, según Sipher, así como el concepto mismo de un invierno nuclear. “Ahora, gracias a la tecnología, puede saltar directamente”, dice Sipher.

Cartel de propaganda soviética de Dmitri Moor, 1932

Tampoco jugar con las tensiones raciales dentro de Estados Unidos es una nueva táctica rusa. De hecho, es anterior incluso a la Guerra Fría. En 1932, por ejemplo, Dmitri Moor, el artista de carteles de propaganda más famoso de la Unión Soviética, creó un cartel que decía: "¡Libertad para los prisioneros de Scottsboro!" Era una referencia a los Scottsboro Boys, nueve adolescentes negros que fueron acusados ​​falsamente de violar a dos mujeres blancas en Alabama, y ​​luego repetidamente, erróneamente, condenados por jurados sureños totalmente blancos. El caso se convirtió en un símbolo de las injusticias del sur de Jim Crow, y el joven estado soviético lo ordeñó con todo el valor propagandístico que pudo.

Formaba parte de un plan puesto en marcha en 1928 por el Komintern, la Internacional Comunista, cuya misión era difundir la revolución comunista por todo el mundo. El plan inicialmente requería reclutar a negros del sur y presionar por la "autodeterminación en el Cinturón Negro". En 1930, el Komintern había intensificado los objetivos de su misión encubierta y decidió trabajar para establecer un estado negro separado en el sur, que le proporcionaría una cabeza de playa para extender la revolución a América del Norte.

Los soviéticos también explotaron la opresión de los negros del sur para su propio beneficio económico. Era el apogeo de la Gran Depresión, y la Unión Soviética se estaba posicionando no solo como una utopía de los trabajadores, sino también como una utopía racial, una en la que no existían divisiones étnicas, nacionales y religiosas. Además de atraer a miles de trabajadores estadounidenses blancos, trajo trabajadores y aparceros afroamericanos con la promesa de la libertad de trabajar y vivir sin las cargas de las violentas restricciones de Jim Crow. A cambio, ayudarían a los soviéticos a construir su incipiente industria algodonera en Asia Central. Varios cientos respondieron a la llamada, y aunque muchos finalmente regresaron —o murieron en el Gulag— algunos de sus descendientes permanecen en Rusia. Una de las presentadoras de televisión más conocidas de Rusia, por ejemplo, es Yelena Khanga, nieta de Oliver Golden, un agrónomo de la Universidad de Tuskeegee que se mudó con su esposa comunista judía-estadounidense a Uzbekistán para desarrollar la industria del algodón allí.

El comienzo de la Guerra Fría coincidió con el comienzo del movimiento por los derechos civiles, y los dos se entrelazaron, tanto en la forma en que los soviéticos utilizaron la lucha racial como en la forma en que la Guerra Fría impulsó la causa de los derechos civiles. "Al principio de la Guerra Fría, se reconoció que Estados Unidos no podría liderar el mundo si se lo consideraba como una represión de las personas de color", dice Mary Dudziak, historiadora jurídica de Emory, cuyo libro Derechos civiles de la guerra fría es el trabajo fundamental sobre el tema. Cuando, en septiembre de 1957, el gobernador de Arkansas, Orval Faubus, desplegó la Guardia Nacional para evitar que nueve estudiantes negros integraran la Central High School en Little Rock, el enfrentamiento fue cubierto por periódicos de todo el mundo, muchos de los cuales señalaron la discrepancia entre los valores de Estados Unidos. expresó y esperaba difundirse por todo el mundo, y cómo los implementó en casa.

Los soviéticos, nuevamente, aprovecharon al máximo la oportunidad. Komsomolskaya Pravda, el periódico de la organización juvenil comunista en la URSS, publicó una historia sensacional, completa con fotografías, sobre el conflicto bajo el titular: "¡Tropas avanzan contra los niños!" Izvestia, el segundo principal diario soviético, también cubrió extensamente la crisis de Little Rock, señalando en un momento que “ahora mismo, detrás de la fachada de la llamada 'democracia estadounidense', se está desarrollando una tragedia que no puede sino despertar la ira y la indignación en el corazón de todo hombre honesto ". La historia continuó:

Los mecenas del gobernador Faubus. que sueñan con sogas y dinamita para personas con pieles de diferentes colores, defensores del vandalismo que arrojan piedras a los niños negros indefensos, estos caballeros tienen la audacia de hablar de "democracia" y hablar como defensores de la "libertad". De hecho, es imposible imaginar un insulto mayor a la democracia y la libertad que el discurso de un diplomático estadounidense en el tribunal de la Asamblea General de Estados Unidos, un discurso en el que Washington fue retratado como el "campeón" de los derechos del pueblo húngaro.

El punto entonces, como lo fue en 2016, era desacreditar el sistema estadounidense, mantener a los soviéticos (y, más tarde, a los rusos) leales a su propio sistema en lugar de tener hambre de democracia al estilo occidental. Pero también se usó en la propaganda soviética en todo el mundo con un propósito similar. "Este es un tema principal de la propaganda soviética", dice Dudziak sobre los mensajes soviéticos en ese momento. “Lo que se describe como propaganda comunista que circuló en la India a veces superpone la historia, pero también historias muy sensibles sobre cosas que realmente sucedieron. A veces, en Pravda, todo lo que necesitaban hacer era reimprimir algo que apareció en Revista Time. Solo los hechos inflamarían la opinión internacional. Además de eso, los soviéticos irían más allá ".

Esto llegó en un momento crítico para el tiempo de Estados Unidos. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos era una nueva potencia mundial encerrada en una lucha ideológica con la Unión Soviética. Mientras Estados Unidos trataba de convencer a los países de que se unieran a su esfera adoptando la democracia y los valores liberales, el gobierno de Estados Unidos estaba compitiendo con los soviéticos en partes del mundo donde las imágenes de policías blancos haciendo girar mangueras contra incendios y perros atacando a manifestantes negros no se sentaban. bueno, especialmente considerando que esto coincidía con la ola de países africanos que declaraban su independencia de los gobernantes coloniales blancos. “Aquí en las Naciones Unidas puedo ver claramente el daño que los disturbios en Little Rock están haciendo a nuestras relaciones exteriores”, escribió Henry Cabot Lodge, entonces embajador de Estados Unidos en la ONU, al presidente Eisenhower en 1957. “Más de dos ... tercios del mundo no son blancos y las reacciones de los representantes de estas personas son fáciles de ver. Sospecho que perdimos varios votos sobre el tema comunista chino debido a Little Rock ".

"El objetivo ruso entonces era interrumpir las relaciones internacionales de Estados Unidos y socavar el poder de Estados Unidos en el mundo, y socavar el atractivo de la democracia estadounidense para otros países", dice Dudziak, y Lodge reflejaba una preocupación central en el Departamento de Estado en ese momento: La propaganda soviética estaba funcionando. Los diplomáticos estadounidenses informaban tanto de su disgusto como de la dificultad de predicar la democracia cuando las imágenes de la violencia en torno al movimiento de derechos civiles se difundieron en todo el mundo y se amplificaron con la propaganda comunista o soviética. En un viaje a América Latina, el entonces vicepresidente Richard Nixon y su esposa se encontraron con manifestantes que gritaban: “¡Little Rock! ¡Roca pequeña!" El secretario de Estado John Foster Dulles se quejó de que “esta situación estaba arruinando nuestra política exterior. El efecto de esto en Asia y África será peor para nosotros que Hungría para los rusos ”. Al final, convenció a Eisenhower de que insertara un pasaje en su discurso nacional en Little Rock que abordara directamente la discrepancia que la propaganda soviética estaba destacando, y dando vueltas como hipocresía estadounidense. Cada vez que se criticaba a la Unión Soviética por sus abusos contra los derechos humanos, la refutación se convertía en: "Y linchan a los negros".

Moscú nunca abandonó estas tácticas, que se conocieron como "whataboutism", incluso después del colapso de la Unión Soviética. Los medios de propaganda rusos como Russia Today, ahora conocido como RT, siempre se han centrado en los conflictos internos en los Estados Unidos, ya sea la falta de vivienda, Occupy Wall Street o las protestas de Ferguson. Los anuncios de Facebook que se centran en temas divisivos como Black Lives Matter son solo otra página del antiguo manual soviético. La diferencia esta vez es que los rusos mejoraron en penetrar las discusiones estadounidenses sobre estos temas tensos. Se convirtieron en fuelles más efectivos, amplificando el fuego que construyeron los estadounidenses.

Sin embargo, la buena noticia es que Estados Unidos puede hacer cosas para desarmar la propaganda. En las décadas de 1950 y 1960, por ejemplo, esta fue una de las razones por las que los presidentes estadounidenses impulsaron varias victorias de derechos civiles, que culminaron con la Ley de Derechos Civiles y la Ley de Derechos Electorales. Esta vez, los estadounidenses pueden dejar de culpar a los rusos y mirarnos a nosotros mismos por lo que hacemos para avivar las llamas, en una medida mucho mayor de lo que los rusos jamás pudieron o hicieron. "Si hay alguien a quien culpar, somos nosotros", dice Sipher. "Si aceptamos el avivamiento, es nuestra culpa".


Actividad 3. Discusión final

Abra con una breve consulta sobre el significado del término "supuestos" en lo que respecta a los documentos. La eficacia de un documento depende en parte de las suposiciones del autor del documento y de los lectores. Invite a la clase a comparar y contrastar las metas y suposiciones hechas en el documento. Céntrese en cómo decidimos si un documento pertenece al movimiento de derechos civiles o a la Guerra Fría. ¿Tiene sentido esta distinción? ¿Cómo depende esta distinción de las suposiciones del lector? ¿Qué revisiones se deben realizar en el cronograma? ¿Qué perspectivas deberían incluirse en la discusión sobre el movimiento de derechos civiles y la Guerra Fría?

Los estudiantes responderán la siguiente pregunta en formato de ensayo, presentación o video:

Las personas que hicieron algunos de estos documentos pueden parecer que viven en mundos diferentes. ¿Por qué estos documentos presentan perspectivas tan diferentes? ¿Cómo cree que interactúan las metas políticas, los supuestos y los hechos para producir nuestra visión del mundo? ¿Qué papel juegan los documentos de fuentes primarias para respaldar o desafiar nuestras opiniones?

Los estudiantes deben usar ejemplos específicos de la lección, citando evidencia relevante de las fuentes primarias e información de antecedentes presentada sobre la Guerra Fría y el movimiento por los derechos civiles en el libro de texto.

Los estudiantes harán comparaciones con documentos políticos: conferencias de prensa, artículos de noticias, discursos de archivo, etc., durante la temporada actual o reciente de la campaña. ¿Las tácticas que se utilizan hoy en día son iguales o diferentes a las que se emplearon hace cincuenta años? Entonces, ¿cómo? Si no es así, ¿por qué? ¿Qué tipo de suposiciones sobre la sociedad están implícitas en los documentos de campaña contemporáneos? ¿Cómo influyen estas suposiciones silenciosas en nuestro pensamiento?


Plan de intervención de Siria impulsado por intereses petroleros, no por preocupaciones sobre armas químicas

El 21 de agosto, cientos - quizás más de mil - personas murieron en un ataque con armas químicas en Ghouta, Damasco, lo que llevó a Estados Unidos, Reino Unido, Israel y Francia a plantear el espectro de ataques militares contra las fuerzas de Bashir al Assad.

El último episodio no es más que un suceso horroroso más en un conflicto que ha adquirido cada vez más características genocidas. El caso para la acción a primera vista es indiscutible. La ONU ahora confirma un número de muertos de más de 100.000 personas, la gran mayoría de las cuales han sido asesinadas por las tropas de Assad. Se estima que 4,5 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares. Los observadores internacionales han confirmado abrumadoramente la complicidad de Assad en la preponderancia de los crímenes de guerra y los crímenes de lesa humanidad contra el pueblo sirio. La ilegitimidad de su régimen y la legitimidad del levantamiento son claras.

Los expertos son unánimes en que las imágenes impactantes de civiles, incluidos niños, que sufren los efectos de algún tipo de ataque químico, son reales, pero siguen divididos sobre si se trataba de armas químicas de grado militar asociadas con el arsenal de Assad o si se trataba de una mezcla potencialmente más amateur. vinculado a los rebeldes.

Cualquiera que sea el caso, pocos recuerdan que la agitación de Estados Unidos contra Siria comenzó mucho antes de las atrocidades recientes, en el contexto de operaciones más amplias contra la influencia iraní en todo el Medio Oriente.

En mayo de 2007, un hallazgo presidencial reveló que Bush había autorizado operaciones de la CIA contra Irán. Las operaciones contra Siria también estaban en pleno apogeo en esta época como parte de este programa encubierto, según Seymour Hersh en el New Yorker. Varias fuentes del gobierno y de inteligencia de Estados Unidos le dijeron que la administración Bush había "cooperado con el gobierno de Arabia Saudita, que es sunita, en operaciones clandestinas" destinadas a debilitar al Hezbolá chiíta en el Líbano. "Estados Unidos también ha participado en operaciones clandestinas contra Irán y su aliado Siria", escribió Hersh, "un subproducto" del cual es "el refuerzo de grupos extremistas sunitas" hostiles a Estados Unidos y "simpatizantes de Al Qaeda". " Señaló que "el gobierno saudí, con la aprobación de Washington, proporcionaría fondos y ayuda logística para debilitar al gobierno del presidente Bashir Assad, de Siria", con miras a presionarlo para que sea "más conciliador y abierto a las negociaciones" con Israel. Una facción que recibió "apoyo político y financiero" encubierto de Estados Unidos a través de los saudíes fue la Hermandad Musulmana Siria exiliada.

Según el exministro de Relaciones Exteriores francés Roland Dumas, Gran Bretaña había planeado una acción encubierta en Siria ya en 2009: "Estuve en Inglaterra dos años antes de la violencia en Siria por otros asuntos", dijo a la televisión francesa:

"Me reuní con altos funcionarios británicos, quienes me confesaron que estaban preparando algo en Siria. Esto fue en Gran Bretaña, no en Estados Unidos. Gran Bretaña estaba preparando a hombres armados para invadir Siria".

Los levantamientos de 2011, al parecer, desencadenados por una confluencia de escasez de energía interna y sequías inducidas por el clima que llevaron a aumentos masivos de los precios de los alimentos, llegaron en un momento oportuno que fue rápidamente aprovechado. Los correos electrónicos filtrados de la firma de inteligencia privada Stratfor, incluidas notas de una reunión con funcionarios del Pentágono, confirmaron el entrenamiento de las fuerzas de oposición sirias entre Estados Unidos y el Reino Unido desde 2011 con el objetivo de provocar el "colapso" del régimen de Assad "desde adentro".

Entonces, ¿de qué se trataba esta estrategia en desarrollo para socavar a Siria e Irán? Según el secretario general retirado de la OTAN, Wesley Clark, un memorando de la Oficina del Secretario de Defensa de Estados Unidos, pocas semanas después del 11 de septiembre, reveló planes para "atacar y destruir a los gobiernos de 7 países en cinco años", comenzando por Irak y avanzando. a "Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán". En una entrevista posterior, Clark argumenta que esta estrategia tiene que ver fundamentalmente con el control de los vastos recursos de petróleo y gas de la región.

Gran parte de la estrategia actualmente en juego se describió con franqueza en un informe RAND de 2008 financiado por el ejército de EE. UU. Desplegando el futuro de la Guerra Larga (pdf). El informe señaló que "las economías de los estados industrializados continuarán dependiendo en gran medida del petróleo, lo que lo convertirá en un recurso de importancia estratégica". Como la mayor parte del petróleo se producirá en el Medio Oriente, Estados Unidos tiene "motivos para mantener la estabilidad y las buenas relaciones con los estados del Medio Oriente":

"El área geográfica de reservas probadas de petróleo coincide con la base de poder de gran parte de la red salafista-yihadista. Esto crea un vínculo entre los suministros de petróleo y la larga guerra que no se rompe fácilmente o simplemente se caracteriza. En el futuro previsible, la producción mundial de petróleo el crecimiento y la producción total estarán dominados por los recursos del Golfo Pérsico. Por lo tanto, la región seguirá siendo una prioridad estratégica, y esta prioridad interactuará fuertemente con la de proseguir la guerra larga ".

En este contexto, el informe identificó varias trayectorias potenciales para la política regional centrada en proteger el acceso a los suministros de petróleo del Golfo, entre las que destacan las siguientes:

"Divide and Rule se centra en explotar las líneas divisorias entre los diversos grupos salafistas yihadistas para volverlos unos contra otros y disipar su energía en los conflictos internos. Esta estrategia se basa en gran medida en la acción encubierta, las operaciones de información (IO), la guerra no convencional y el apoyo a Las fuerzas de seguridad indígenas. Estados Unidos y sus aliados locales podrían utilizar a los yihadistas nacionalistas para lanzar campañas de IO indirectas para desacreditar a los yihadistas transnacionales a los ojos de la población local. Los líderes estadounidenses también podrían optar por capitalizar el 'Conflicto sostenido entre chiítas y sunitas' trayectoria tomando el lado de los regímenes conservadores sunitas contra los movimientos de empoderamiento chiítas en el mundo musulmán. Posiblemente apoyando a gobiernos sunitas autoritarios contra un Irán continuamente hostil ".

Al explorar diferentes escenarios para esta trayectoria, el informe especuló que Estados Unidos podría concentrarse "en apuntalar los tradicionales regímenes sunitas en Arabia Saudita, Egipto y Pakistán como una forma de contener el poder y la influencia iraníes en el Medio Oriente y el Golfo Pérsico". Al señalar que esto podría realmente empoderar a los yihadistas de al-Qaeda, el informe concluyó que hacerlo podría funcionar en los intereses occidentales al empantanar la actividad yihadista con rivalidad sectaria interna en lugar de apuntar a los EE. UU.

"One of the oddities of this long war trajectory is that it may actually reduce the al-Qaeda threat to US interests in the short term. The upsurge in Shia identity and confidence seen here would certainly cause serious concern in the Salafi-jihadist community in the Muslim world, including the senior leadership of al-Qaeda. As a result, it is very likely that al-Qaeda might focus its efforts on targeting Iranian interests throughout the Middle East and Persian Gulf while simultaneously cutting back on anti-American and anti-Western operations."

The RAND document contextualised this disturbing strategy with surprisingly prescient recognition of the increasing vulnerability of the US's key allies and enemies - Saudi Arabia, the Gulf states, Egypt, Syria, Iran - to a range of converging crises: rapidly rising populations, a 'youth bulge', internal economic inequalities, political frustrations, sectarian tensions, and environmentally-linked water shortages, all of which could destabilise these countries from within or exacerbate inter-state conflicts.

The report noted especially that Syria is among several "downstream countries that are becoming increasingly water scarce as their populations grow", increasing a risk of conflict. Thus, although the RAND document fell far short of recognising the prospect of an 'Arab Spring', it illustrates that three years before the 2011 uprisings, US defence officials were alive to the region's growing instabilities, and concerned by the potential consequences for stability of Gulf oil.

These strategic concerns, motivated by fear of expanding Iranian influence, impacted Syria primarily in relation to pipeline geopolitics. In 2009 - the same year former French foreign minister Dumas alleges the British began planning operations in Syria - Assad refused to sign a proposed agreement with Qatar that would run a pipeline from the latter's North field, contiguous with Iran's South Pars field, through Saudi Arabia, Jordan, Syria and on to Turkey, with a view to supply European markets - albeit crucially bypassing Russia. An Agence France-Presse report claimed Assad's rationale was "to protect the interests of [his] Russian ally, which is Europe's top supplier of natural gas".

Instead, the following year, Assad pursued negotiations for an alternative $10 billion pipeline plan with Iran, across Iraq to Syria, that would also potentially allow Iran to supply gas to Europe from its South Pars field shared with Qatar. The Memorandum of Understanding (MoU) for the project was signed in July 2012 - just as Syria's civil war was spreading to Damascus and Aleppo - and earlier this year Iraq signed a framework agreement for construction of the gas pipelines.
The Iran-Iraq-Syria pipeline plan was a "direct slap in the face" to Qatar's plans. No wonder Saudi Prince Bandar bin Sultan, in a failed attempt to bribe Russia to switch sides, told President Vladmir Putin that "whatever regime comes after" Assad, it will be "completely" in Saudi Arabia's hands and will "not sign any agreement allowing any Gulf country to transport its gas across Syria to Europe and compete with Russian gas exports", according to diplomatic sources. When Putin refused, the Prince vowed military action.

It would seem that contradictory self-serving Saudi and Qatari oil interests are pulling the strings of an equally self-serving oil-focused US policy in Syria, if not the wider region. It is this - the problem of establishing a pliable opposition which the US and its oil allies feel confident will play ball, pipeline-style, in a post-Assad Syria - that will determine the nature of any prospective intervention: not concern for Syrian life.

What is beyond doubt is that Assad is a war criminal whose government deserves to be overthrown. The question is by whom, and for what interests?

This article was amended on 7 October 2015 to provide clearer attribution to a quote about tAssad's rationale for rejecting Qatar's proposed oil pipeline.

A more detailed in-depth special report based on this article is available at the author's website here.


U.S. Relations With Somalia

The United States established diplomatic relations with Somalia in 1960, following its constituent parts’ independence from British and Italian administration, respectively. A 1969 coup replaced Somalia’s elected government with military rule that reflected both ideological and economic dependence on the Soviet Union. Following war with Ethiopia in the 1970s, Somalia began turning toward the West, including the United States, for international support, military equipment, and economic aid. Civil war in the 1980s led to the collapse of Somalia’s central government in 1991.

Following this, various groupings of Somali factions, sometimes supported by outside forces, sought to control the national territory (or portions thereof) and fought one another. Although the United States never formally severed diplomatic relations with Somalia, the U.S. Embassy in Somalia was closed in 1991. From 1992-94, the United States took part in operations that aimed to provide assistance to Somalis. Numerous efforts at mediation and reconciliation were attempted over the years, and a transitional government was established in 2004. In 2012, Somalia completed its political transition through a limited, indirect election of a new federal parliament and president. With the adoption of a provisional constitution, the United States formally recognized the new Federal Government of Somalia (FGS) on January 17, 2013. In February 2017, the FGS completed its first national electoral process since the 2012 transition, selecting a new federal parliament and a new president, President Mohamed Abdullahi Mohamed.

U.S. foreign policy objectives in Somalia are to promote political and economic stability, prevent the use of Somalia as a safe haven for international terrorism, and alleviate the humanitarian crisis caused by years of conflict, drought, flooding, and poor governance. The United States is committed to helping Somalia’s government strengthen democratic institutions, improve stability and security, and deliver services for the Somali people. Since 2013, the Federal Government of Somalia has made progress establishing government institutions, negotiating relationships with regional authorities, and supporting community stabilization. The United States supports the FGS’s state-building agenda for completing federal state formation, completing a review of the provisional constitution and holding a constitutional referendum, preparing for democratic elections, promoting reconciliation, and strengthening responsive and representative governing institutions. The United States recognizes the sovereignty and territorial integrity of Somalia within its 1960 borders in accordance with the Somali provisional constitution, which includes Somaliland and Puntland. The United States also has welcomed the African Union Mission in Somalia’s (AMISOM) success in driving the al-Shabaab terrorist organization out of strategically important population centers, and has underscored the continued U.S. commitment to support AMISOM and the Somali national forces in extending security throughout Somalia.

U.S. Assistance to Somalia

The United States has provided more than $3 billion in humanitarian assistance for Somalia since fiscal year 2006 to address the problems of drought, famine, and refugees. Since 2011, the United States has provided an additional $253 million in development assistance to support economic, political, and social sectors to achieve greater stability, establish a formal economy, obtain access to basic services, and attain representation through legitimate, credible governance. The United States works closely with other donor partners and international organizations to support social services and the development of an effective and representative security sector, including military, police, and justice sector, while supporting ongoing African Union peacekeeping efforts.

Bilateral Economic Relations

The United States has little trade or investment with Somalia. U.S. exports to Somalia include legumes, grain, baking-related goods, donated products, and machinery. U.S. imports from Somalia include precious stones and low-value shipments.

Somalia’s Membership in International Organizations

Somalia and the United States belong to a number of the same international organizations, including the United Nations, International Monetary Fund, and World Bank.

Bilateral Representation

On December 2, 2018, for the first time since the closure of the U.S. Embassy in Mogadishu on January 5, 1991, the United States reestablished a permanent diplomatic presence in Somalia. In addition to the Embassy in Mogadishu, the U.S. Mission to Somalia operates partially from the U.S. Embassy in Nairobi. The U.S. Embassy in Nairobi handles consular coverage for Somalia. Other principal mission officials are listed in the Department’s Key Officers List.

The Somali embassy in Washington is located at 1705 DeSales Street NW, Suite 300, Washington, DC 20036 (tel. 202.296.0570).

More information about Somalia is available from the Department of State and other sources, some of which are listed here:


Fleeing a hell the US helped create: why Central Americans journey north

Central American migrants hesitate as others climb the Mexico-US border fence in an attempt to cross to San Diego county, in Playas de Tijuana, Baja California state, Mexico. Photograph: Guillermo Arias/AFP/Getty Images

Central American migrants hesitate as others climb the Mexico-US border fence in an attempt to cross to San Diego county, in Playas de Tijuana, Baja California state, Mexico. Photograph: Guillermo Arias/AFP/Getty Images

Last modified on Wed 19 Dec 2018 17.14 GMT

Jakelin Caal Maquín, the seven-year-old Guatemalan girl who died this month in US custody, is the latest victim of a long, dysfunctional relationship between the US and its southern neighbours that has cost countless lives over the past half-century.

The forces driving ordinary people to leave their homes and put their lives at risk crossing deserts with smugglers to get to the US border are deeply rooted in Central America’s history of inequality and violence, in which the US has long played a defining role.

The flow of migrants trying to cross the border illegally is not all blowback from US foreign policy. Much of the poverty, injustice and murder in El Salvador, Guatemala and Honduras is homegrown, harking back to the age of Spanish conquest. Small criminal elites have long prospered at the expense of the populations.

Experts on the region argue, however, that when politicians or activists have come forward on behalf of its dispossessed, the US has consistently intervened on the side of the powerful and wealthy to help crush them, or looked the other way when they have been slaughtered.

The families in the migrant caravans trudging towards the US border are trying to escape a hell that the US has helped to create.

Central America’s inequality and violence, in which the US has long played a role, is driving people to leave their homes. Photograph: Carlos García Rawlins/Reuters

Sometimes it has been a matter of unintended consequences. Enforcement measures targeting migrants have multiplied the cost of smugglers’ services. Desperate customers take out big loans at high interest in order to pay. The only hope of paying off those loans is to reach the US, so even if they fail at their quest, they have no choice but to try again, and again.

“Where it used to cost around $1,000 to make the journey from Central America, it now costs up to $12,000, making shuttle migration impossible,” said Elizabeth Oglesby, an associate professor at the centre for Latin American studies at the University of Arizona in Tucson. “The only way for families to stay together is for women and children to migrate.”

More often US intervention in the affairs of these small and weak states has been deliberate, motivated by profit or ideology or both.

“The destabilisation in the 1980s – which was very much part of the US cold war effort – was incredibly important in creating the kind of political and economic conditions that exist in those countries today,” said Christy Thornton, a sociologist focused on Latin America at Johns Hopkins University.


Belle Boyd

Belle Boyd, Confederate Spy and Temptress.

Belle Boyd was another Confederate spy, though she was known by a few other names, which suggests her work was a little more reliant on her charms than Greenhow’s. At times she has been called the Cleopatra of the Secession and the Siren of the Shenandoah.

Her first act occurred when Union soldiers invaded her home because she was rumored to possess Confederate paraphernalia. After one of the soldiers insulted her mother, she shot and killed him. While she was not imprisoned or charged, sentries were posted around her home, some of which she managed to charm, retrieving some useful information. When she tried to pass on this information to the Confederacy, she was caught. However, she improved her tactics and was soon able to obtain useful information and sneak behind Confederate lines to assist in whatever ways she could.

She did endure stints in prison, but then moved to England and married a Union officer. She became an actress, married several more times and then toured the United States giving dramatic retellings of her work as a spy. She died of a heart attack at 56 years of age.


What Were Mao's Motivations for Intervention in the Korean War?

Chinese intervention in Korea in October 1950 continued a period of hideous violence and death in China's history. Between 1927 and 1949, around 21.5 to 27.5 million Chinese had died in the Second Sino-Japanese War and in the Chinese Civil War. Despite this terrible loss of life, exactly one year after the founding of the People's Republic of China in 1949 and the establishment of an uneasy peace, Chinese troops were once again marching to war, now in Korea. This intervention would go on to claim between 180,000 and 400,000 Chinese lives (including that of Mao Zedong's own son), possibly even more and the whole while, the threat of nuclear annihilation hung over China. This terrible bloodshed, so soon after China's struggle for survival against Japan and their internal fratricidal conflict raises a key question, why? This essay will outline why Mao Zedong took the decision to intervene in Korea in 1950.

This essay will mostly focus on the realist, conventional political reasoning that drove Mao's decisions, however, it would be unwise not to also examine the ideological motivations that further motivated Mao's decision to intervene.

To begin, Mao's ideological world view must be examined in order to understand why he viewed factors surrounding his decision to intervene in Korea the way he did.

At the base level CCP analysed domestic and international political affairs within the conceptual framework of "contradictions" and the continual posing and resolving of contradictions in all things. Through distinguishing and rating important contradictions, China could indentify its principal opponents, political forces that could be relied upon for support and the strengths and weaknesses of its opponents and how to defeat them. Mao emphasized 'principle contradictions', the most pressing problems facing China at present. While hesitant to openly declare a 'principle contradiction' pre-1965, China did place emphasis on Asia, Africa and Latin America. This is believed to have been motivated by the fact that these regions had greater conflicting political and economic forces than other more stable parts of the world, making them more fertile ground for revolutionary change. The fact that these regions possessed two-thirds of the world's population and valuable resources and markets led Mao to believed they would be an important 'frontline' against China's enemies. 1

Mao dictated that the PRC's foreign policy should be based on Marxist internationalism, a ideology that demands support for the proletariat all over the world in their struggle against the bourgeoisie but on paper, rejects intervention and chauvinistic tactics by the state. This meant that China should support guerrilla liberation struggle but never 'export' revolution through direct military force. Mao believed that ultimately, in the distant future, through an irreversible historical trend, the international communist revolution would triumph. 1

With regards to who Mao considered his enemies on the international stage, Mao adhered to Lenin's perspective of imperialism being "The highest stage of capitalism", making the capitalist 'imperialist' nations of the world his principle external enemies. Foremost amongst these nations in Mao's mind was the United States. Mao viewed the USA as an aggressive imperial power who, unlike many of their imperial counterparts, had emerged from the Second World War much stronger, rather than weaker. Mao regarded the USA's ultimate goals to be the repression of the proletariat, dominance over the 'intermediate zone' and the ultimate destruction of the communist bloc. 1

It is also possible that Mao's world view may have been influenced by older Chinese philosophies. Confucian philosophy places heavy emphasis on the 'father figure' and solidarity and harmony amongst the people. 4 Particularly notably with regards to Chinese attitudes towards fellow communist nations such as North Korea, Confucianism addresses 'Brotherhood' those of the same parents or teacher. It states that 'brothers' should adhere to certain roles depending on seniority, that brothers must help each other and that betrayal of brotherhood is a terrible crime. 5

It has been noted that Chinese Confucian Marxists are not uncommon and that contradictions between Marxist materialism and Confucian idealism was not widely recognised. Four of Liu Shaoqi's five virtues were Confucian in nature and Mao adhered to Confucian tradition with regards to the function of education. 6

Mao may have also been influenced by old Chinese attitudes towards Korea when China constituted the 'Middle Kingdom'. The traditional Chinese perceptive on relations with Korea was that theirs was a "teeth-to-lips" relationship. Without the Korean 'lips' to protect them, the Chinese 'teeth would be adversely affected. 7

Having set the ideological context that Mao Zedong was working within, the reader should now better understand the motivations that fuelled the choices and calculations that Mao would make in the lead up to his intervention in Korea.

To truly understand Mao Zedong's motivations for intervening in Korea, an understanding of his ideology is not enough. There are many realist political considerations that must be explored to gain an in-depth understanding of why Mao made the specific choices that he did with regards to Korea.

The first issue that must be explored is Chinese commitments to the Democratic People's Republic of Korea. Relations between the PRC and DPRK can be regarded as a 'Special Comradeship' due to the historically close ties that have existed between Chinese and Korean communists. President Kim Il-sung (a one time member of the CCP) and other Korean communists fought alongside the Chinese communists in the 1930s and 40s against the Japanese and would later allow the PLA to use North Korea as a strategic base during the Chinese Civil War. 8 It should also be noted that during the civil war period, political, economic and cultural exchanges took place along the Sino-Korean border alongside the military support, further solidifying the CCP-DPRK relationship. 9

Post-civil war, China and North Korea further solidified relations. The DPRK was one of the first to establish diplomatic ties with the PRC and the PRC embarked on a programme of repatriation of great numbers of Koreans who had fought in the PLA, sending great numbers of hardened veterans with technical expertise, many of whom were allowed to keep their weapons, to join the new KPA. 10 Indeed, this decision by Mao could be regarded as Mao issuing a green light to Kim Il-sung to begin his invasion of South Korea. 11

It should also be noted that in a close consultation meeting with Kim Il (a member of the North Korean central committee) in 1949, Mao supported the DPRK in a number of ways. Firstly that he agreed in principle to the violent reunification of Korea by the DPRK, secondly he advised Kim on how to go about starting such a war, thirdly he promised to resupply KPA forces with Japanese ammo when needed and finally (and most significantly in the context of Chinese intervention in Korea) Mao agreed to military intervention in the event of a US-led Japanese intervention in Korea. 12

Another area of alignment between Peking and Pyongyang pre-Chinese intervention was the refugee crisis that erupted with the turning of the tide of the war against North Korea. In August and September of 1950, massive US air power was increasingly prevalent, not only on the forward positions of the KPA, but also increasingly on the cities of North Korea in a brutal campaign of strategic bombing. This devastation of civilian areas led to a wave of Korean refugees crossing the Chinese border to escape the war. This concerned both the Chinese, who disliked the idea of having quasi-permanent North Korean consulates and enclaves along its border, and the North Koreans, who wished to end the uncontrolled outflow of refugees. 13 In order to alleviate the issue, the PRC agreed to a DPRK request to set up a DPRK consular office in Andong, a gateway for the vast majority of North Korean refugees. 14

While such measures proved to be ultimately of little use in alleviating the crisis, it demonstrated the close cooperation between the PRC and the DPRK.

It would be misleading to claim that PRC-DPRK relations were perfectly harmonious however. Mao felt that the war in Korea that Kim Il-sung craved would compromise his plans to liberate Taiwan. Kim Il-sung's intense Korean nationalism, combined with his desire to not appear too closely tied to the Chinese (in order to secure his own authority in Korea) made it impossible for Mao to fully trust Kim. 15 Ultimately however, Mao felt he could not betray the 'Special Comradeship' or "China's duty of proletariat internationalism" by withdrawing support from Kim.

The second issue regarding Chinese intervention in Korea is its commitments and relations with the USSR at the time. Mao was not the only communist leader concerned with the outcome of the Korean War, Joseph Stalin of the USSR was also closely involved with the war. Since 1945, Stalin feared the creation of a new pro-American Japanese militarism that would make use of the Korean Peninsula to attack the Asian mainland. Stalin wished to avoid US domination of the peninsula, but not in such a way that the USSR was drawn into direct conflict with the US. 16 In the run-up to the Korean War, Stalin consulted with Mao on the possible outcomes of Kim Il-sung's invasion, 17 asked Kim Il-sung to seek Chinese support for the invasion (which was given) 18 and signed the Sino-Soviet Alliance, another 'green light' to Kim to launch his invasion. 19

When the war turned against the DPRK, Stalin turned to Mao, requesting that he send troops into Korea disguised as 'volunteers' in order to save the DPRK without direct Soviet intervention. 20

Ultimately China did agree to intervene in Korea, in part due to direct pressure from Stalin on numerous CCP leaders 21 and the assumption that the USSR would honour the Sino-Soviet Alliance by providing military assistance for the intervention. 22 Ultimately, Stalin did provide limited military support in the form of planes, tanks and advisors for training the PLA, supply and service units, ammunition and eventually, Soviet air cover for Chinese bases and crossing points on the Yalu. 23

Mao did not intervene in Korea fully intending for it to be an exercise in solidarity with the USSR however. Mao felt that he rescued the Eastern revolution in Korea in the face of Soviet hesitance and disconnection, it would give China heightened sense of moral superiority over its 'elder brother'. 24

The third issue regarding Chinese intervention in Korea was the issue of Chinese territorial security. The disintegration of the DPRK and the advance of UN forces towards the Sino-Korean border presented a serious threat to China's territorial security. A reunified pro-American Korea could serve as launch pad for a future invasion of China that would directly strike China's industrial heartland in Manchuria. 25 The disintegration of the DPRK would rob China of a key buffer zone. Concern for China's north-eastern border was highlighted by the creation of the 260,000 strong Northeast Border Defense Army in July 1950, 26 before China had even decided to intervene in Korea.

It should also be noted that as of October 1950 China was not only concerned about its north-east border. The presence of the US Seventh Fleet in the Taiwan Strait and the continued French presence in Indochina made Mao feel that the US was threatening China from multiple directions. Victory in Korea would mean that China would have to divide its forces less to defend its territory. 27

The fourth issue regarding Chinese intervention in Korea were the specific political goals and opportunities Mao pursued by intervening in Korea as well as its political justifications for intervening. In the eyes of Mao Zedong, the Korean War was a crucial event with regards to China's political position in East Asia. In his 1949-1950 visit to Moscow, Mao had agreed with Stalin to divide the responsibility of expanding the communist revolution between them, 28 leaving Mao responsible of communising East Asia. The responsibility to forcibly communize Korea was to be shared between China and the DPRK. 29 The war in Korea represented for China a crucial test of their aspirations to export their own significant revolution in the spirit of Chinese ethnocentrism and universalism. 30 The Korean War presented a serious challenge to the western-dominated international structure in the Asian-Pacific region and that the founding of the PRC in 1949, followed by a united Korea under the DPRK, could see a new order emerge in East Asia. 31 A victory in Korea against the US and its allies would also promote the prestige and influence of the PRC on the international stage. 32

US intervention in Korea may have also been fuelled by feelings of US provocation and encroachment. Reports of a US airstrikes inside Chinese territory between August and October outraged China. 33 Continuing US support for Taiwan also angered Mao. Nationalist troops still boasted air and naval superiority thanks to their US-made ships and planes and the deployment of the Seventh Fleet in the Taiwan Strait at the outbreak of the Korean Crisis made the liberation of Taiwan (a long-standing aim of the PRC) impossible. 34

An extremely important perspective on why China intervened in Korea is that of domestic politics. When the question was first raised as to whether Chinese troops should intervene in Korea, there was much domestic opposition in China, view such an action as immoral or dangerous. 35 This raises the question, how did Mao create the conditions where he could confidently intervene in Korea? Mao's solution to these domestic reservation over Korea was to launch the "Great Movement to Resist America and Assist Korea". This campaign was designed to stir up hatred amongst ordinary Chinese towards the US and preparing them for an inevitable conflict against their 'weakening' and long time political and economic abuser. At the same time, the CCP promoted a nationwide campaign to suppress "reactionaries and reactionary activities" to silence any remaining dissenters. 36 The conditions created by these campaigns, combined with Mao's wisdom and authority within the CCP leadership, 37 allowed him to intervene in October 1950.

These domestic issues and solutions did not purely relate to the facilitation of PRC foreign policy however. October 1950 marked the first anniversary of the PRC, a country that remained divided and devastated by many years of war. Mao felt that a successful intervention in Korea would enhance the revolutionary zeal of the people and solidify the CCP's position as China's new leader. With this newfound authority and public enthusiasm created by pre-intervention campaigns and the intervention itself, Mao believed this would serve as a base for his ambitions for economic development and social engineering. 38

Before concluding, there is another interesting question regarding Chinese intervention in Korea, the role of US nuclear weapons on Mao's thinking. Why would Mao send troops (even ones disguised as volunteers) to fight the US military, who had a monopoly on weapons capable of terrifying destruction? This can be explained by Mao's rather dismissive attitude towards nuclear weapons.

Mao was believer that wars are decided by a country's people, not weapons. Mao also dismissed the idea that such weapons could decide a war as a product of "bourgeois world outlook and methodology" and should be dismissed. 39

To conclude, Mao's motivations for intervening the Korean War were wide ranging in nature. Mao intervened to support his allies in the communist bloc, to protect Chinese territorial security, advance domestic goals and pursue political goals in foreign policy. These realist motivations of intervention were backed up by Mao's ideological views based on Marxist-Leninism and traditional Chinese attitudes and done in the face of numerous risks, including nuclear annihilation.

Endnotes

  1. Van Ness, P. Revolution and Chinese foreign policy : Peking's support for wars of national liberation (London Berkeley : University of California Press, 1970), p. 25-28.
  2. Mackerras, C and Fung, E. "Foreign relations, 1949-74," in China: The Impact of Revolution, ed Mackerras, C (London : Longman, 1976), p. 210-211.
  3. Van Ness, P. Revolution and Chinese foreign policy : Peking's support for wars of national liberation (London Berkeley : University of California Press, 1970), p. 30-32.
  4. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 39-41.
  5. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 44.
  6. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 54-55.
  7. Ho Chung, J. Between ally and partner: Korea-China relations and the United States (New York : Columbia University Press, 2007), p. 15-16.
  8. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. William Stueck. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 101-102.
  9. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood: New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 29.
  10. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood: New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 29-30.
  11. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 55.
  12. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 6-8.
  13. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 33-34.
  14. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 35-37.
  15. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 103-104.
  16. Weathersby, K. "Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 3.
  17. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 101.
  18. Weathersby, K. " Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 12.
  19. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 101.
  20. Weathersby, K. " Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 17.
  21. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 108.
  22. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 107.
  23. Weathersby, K. " Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 19-20.
  24. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 59.
  25. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 87.
  26. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 88.
  27. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 19.
  28. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 9.
  29. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 14
  30. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 95.
  31. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 106.
  32. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 59.
  33. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 174.
  34. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 21-22
  35. Hajimu, M. "The Korean War through the Prism of Chinese Society: Public Reactions and the Shaping of "Reality" in the Communist State, October-December 1950," Journal Of Cold War Studies, Vol.14 (2012): p. 8-10.
  36. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 107.
  37. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 109.
  38. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 106.
  39. Ryan, M. Chinese attitudes toward nuclear weapons : China and the United States during the Korean War (Armonk N.Y. London : M.E.Sharpe, 1989), p. 15.

Endnotes

  1. Van Ness, P. Revolution and Chinese foreign policy : Peking's support for wars of national liberation (London Berkeley : University of California Press, 1970), p. 25-28.
  2. Mackerras, C and Fung, E. "Foreign relations, 1949-74," in China: The Impact of Revolution, ed Mackerras, C (London : Longman, 1976), p. 210-211.
  3. Van Ness, P. Revolution and Chinese foreign policy : Peking's support for wars of national liberation (London Berkeley : University of California Press, 1970), p. 30-32.
  4. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 39-41.
  5. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 44.
  6. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 54-55.
  7. Ho Chung, J. Between ally and partner: Korea-China relations and the United States (New York : Columbia University Press, 2007), p. 15-16.
  8. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. William Stueck. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 101-102.
  9. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood: New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 29.
  10. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood: New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 29-30.
  11. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 55.
  12. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 6-8.
  13. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 33-34.
  14. Cathcart, A and Kraus, C. "The Bonds of Brotherhood New Evidence on Sino-North Korean Exchanges, 1950-1954," Journal Of Cold War Studies, Vol.13(3) (2011): p. 35-37.
  15. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 103-104.
  16. Weathersby, K. "Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 3.
  17. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 101.
  18. Weathersby, K. " Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 12.
  19. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 101.
  20. Weathersby, K. " Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 17.
  21. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 108.
  22. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 107.
  23. Weathersby, K. " Should We Fear This?": Stalin and the Danger of War with America". Working paper No. 39. Woodrow Wilson International Center for Scholars, 2002: p. 19-20.
  24. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 59.
  25. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 87.
  26. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 88.
  27. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 19.
  28. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 9.
  29. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 14
  30. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 95.
  31. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 106.
  32. Jian, C. Mao's China and the Cold war (Chapel Hill : University of North Carolina Press, 2001), p. 59.
  33. Shin, C. The spirit of Chinese foreign policy : a psychocultural view (Basingstoke : Macmillan, 1990), p. 174.
  34. Korea Institute of Military History, La guerra de Corea (Seoul : Korea Institute of Military History, 1997), p. 21-22
  35. Hajimu, M. "The Korean War through the Prism of Chinese Society: Public Reactions and the Shaping of "Reality" in the Communist State, October-December 1950," Journal Of Cold War Studies, Vol.14 (2012): p. 8-10.
  36. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 107.
  37. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 109.
  38. Jian, C. "In the Name of Revolution: China's Road to the Korean War Revisited," in The Korean War in world history, ed. Stueck, W. (Lexington, Ky. : University Press of Kentucky, 2004), p. 106.
  39. Ryan, M. Chinese attitudes toward nuclear weapons : China and the United States during the Korean War (Armonk N.Y. London : M.E.Sharpe, 1989), p. 15.

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Comentarios:

  1. Faesho

    Comparto completamente tu opinión. Hay algo en eso, y es una buena idea. Te apoyo.

  2. Aracage

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  3. Eadward

    Algo no se logra así

  4. Leon

    Lo siento, en absoluto no se acerca a mí.

  5. Gubar

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  6. Reggie

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  7. Chetwyn

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